Confesión

- Señor, está preparada. Va a confesar.

El teniente Nichols se dirigió hacia la sala de interrogatorios. Aún no podía creer que se hubiera presentado allí dispuesta a admitir su crimen.
Entró en la sala, donde encontró a una mujer de unos veinticinco años, con una larga cabellera oscura. La mujer fijó sus ojos en él. Era muy atractiva. Lástima que tambien fuera una asesina.

- Bien, señorita Risse...
- Llámeme Angie.
- Angie... ¿Cómo y por qué le mató?
- Veo que va directo al grano.
- Ya ha admitido su culpa. ¿Por qué andarnos con rodeos?
- Porque necesito dar rodeos para que me entienda. ¿Quiere su confesión? Tendrá que
escucharme.
- Tiene toda mi atención.

Nichols estaba intrigado. Había cometido el error de caer en la trampa y dejarse seducir
por ese aire de femme fatale. La mujer sacó un cigarrillo y lo encendió.

- Lo siento, pero no puede fumar aquí.
- Yo no diré nada si usted tampoco lo dice.. .

La joven hizó una pausa, y se dispuso a contar su historia.

- Conocí a Patrick hace unos cinco años. Yo era tan solo una niña, y me fascinaba.
Bueno, no es que Patrick haya tenido nunca problemas para encontrar mujeres. Era un
hombre muy atractivo y, además, tenía algo, una especie de magnetismo. Podía conseguir a la mujer que quisiera. Y, al principio, yo no fui una de esas mujeres. Pero eso cambió  hace algo más de un año. Empezó a seducirme. Y yo me dejé, aunque sabía que era un error. Todo fue muy despacio: miradas, pequeños gestos...Pero a mi me gustaba ese juego. Me encanta jugar.
Finalmente, una noche, pasó lo que se veía venir desde hacía tiempo. Fue algo realmenten increible. Una mezcla perfecta entre romanticismo y pasíón. Nos dejamos llevar por nuestros cuerpos, sin pensar en nada ni en nadie.
Después de esa noche, Patrick y yo empezamos nuestra relación. Nada serio el primer mes. Algo formal a partir de entonces. Como ya le dije, siempre me había sentido atraída por el, pero en aquel momento yo ya estaba completamente enamorada. Y Patrick también. O eso creía yo. Pero, como siempre, fui una estúpida. Parece que me cuesta entender que no puedes confiar en nadie excepto en ti misma. Y a veces ni eso.
El caso es que hace un par de semanas me enteré de que Patrick me había sido infiel. Y
no una ni dos veces. Las mujeres siguieron pasando por su cama como antes de estar
juntos. Así que tuve que hacerlo. Fue fácil. No se lo esperaba.
Cuando esa noche empezamos a hacer el amor, Patrick no podía imaginar que era la
última vez que iba a estar con una mujer. Tendría que haber visto su cara cuando saqué el cuchillo de debajo de la almohada y se lo clavé en el pecho, justo en el corazón. En ese corazón gélido incapaz de amar sin hacer daño.
Bien, teniente, ya tiene su confesión. Puede ponerme las esposas.

- ¿Por qué ha confesado, Angie?
- Se perfectamente lo que he hecho, y no me arrepiento. Pero también se que merezco un castigo.
- Bien, supongo que cerraré el expediente anotando que los celos la empujaron a asesinar al hombre que amaba.
- No, teniente. No fueron los celos.
- Entonces creo que no la he entendido, señorita.
- Ya le he dicho que me encanta jugar. Pero nadie juega conmigo.

Comentarios