La elección
Cuando desperté me sentí confusa. No sabía muy bien donde estaba ni cómo había llegado allí. “Supongo que ayer bebí demasiado”. Respiré hondo para coger fuerzas e intenté levantarme. Y entonces fue cuando noté las cadenas. Abrí los ojos de golpe. Mi corazón se acelero, y me costaba respirar. Mi pecho se agitaba intentando coger un aire que no terminaba de llegar bien. Miré a mi alrededor. Estaba en una pequeña habitación, apenas iluminada por una bombilla que colgaba del techo. Las paredes y el suelo eran de piedra, y el único objeto que podía ver eran las cadenas que sujetaban mis manos a la pared. Intente gritar, pero no pude. Sabía que necesitaba mantener la calma, pero no era capaz. Agité las cadenas y empecé a patalear. No sé si fue por el ruido o me estaba vigilando, pero justo en ese momento apareció. Me acercó un vaso de agua, pero apenas me dejó mojarme los labios. “Poco a poco”, me dijo. Le pregunté que quién era, que por qué me había encerrado. “Todo a su tiempo”, ...