La mesa

Despertó. No recordaba haberse quedado dormido. ¿Dónde estaba? Hacía frío. Al
intentar abrir los ojos se dio cuenta de que no podía. La angustia iba llenando su pecho al notar que ninguna parte de su cuerpo respondía a su voluntad. Y ese frío… Estaba
en el ambiente, pero también bajo él, en la cama. Espera… No era una cama. Era… era
duro y frío, como metal. Como una mesa de operaciones. ¿Por eso no podía moverse?
¿Estaba en un quirófano? Tal vez la anestesia no hubiera funcionado bien. Pero... ¿una operación? ¿Por qué? El frío no le dejaba pensar.

Escuchó una puerta y unos pasos. Alguien se acercaba. ¿El médico tal, vez? Intentó
hacerle ver que estaba consciente, pero seguía sin poder mover ni un solo músculo
de su cuerpo. Y ese frío...

Empezó a escuchar el ruido metálico que indicaba la preparación del material, y su
angustia creció hasta convertirse en histerismo. Quería gritar que estaba despierto, que se detuvieran, pero no conseguía arrancar ni un susurro de su garganta.

El pánico no tardo en llegar, y, por suerte, lo hizo acompañado de la inconsciencia, ya
que la última frase que escuchó fue: “Pueden comenzar la autopsia”

Comentarios