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El camino

 No se por qué decidí tomar ese camino. Siempre lo evitaba, aunque fuera más rápido. Prefería dar un rodeo que tener que atravesarlo. Tal vez fuera una tontería, un miedo estúpido, pero el cementerio me ponía los pelos de punta. Ese día me había quedado dormida y llegaba tardísimo, así que ni siquiera fui consciente de que cruzaba las puertas. Supongo que mi subconsciente decidió que la prisa era capaz de vencer al miedo. Cuando me quise dar cuenta estaba en mitad del cementerio. Me puse bastante nerviosa, sobre todo porque no tenía demasiado claro donde estaba ni que camino debía seguir. Genial, perdida en mitad del cementerio, mi peor pesadilla hecha realidad. Era temprano aún, y no había nadie a quién preguntarle hacia donde debía ir. Decidí que era mejor seguir caminando. Era un cementerio, no un laberinto. Si seguía recto en algún momento llegaría al final y podría encontrar la manera de salir. Llevaba unos veinte minutos caminando cuando vi una sombra, un rápido movimiento qu...

El juicio

Pobre Paul. Me duele tanto verle en esa situación… Parece incluso más pequeño, casi como un niño indefenso, y sus ojos están llenos de terror. El  pobre no entendía nada. ¿Cómo iba a ser culpable?  Por lo visto todas las pruebas habían conducido hasta el, y no había ninguna duda. Paul era el asesino en serie que llevaban meses buscando. Diecinueve víctimas, ni más ni menos.  Nadie hubiera sospechado de él. Era joven, guapo y con talento, todo un triunfador. Tenía éxito en todo lo que se proponía, y tal vez todo esto era lo que le convertía en el asesino perfecto.  Sólo había un inconveniente: Paul se negaba a confesar. Se declaró completamente inocente, y no estaba dispuesto a ceder, así que el juicio iba a ser largo y complicado. Y a mí me habían llamado como testigo de la defensa.   A pesar de que Paul no tenía coartada para ninguno de los crímenes, esperaban que yo pudiera ser de alguna ayuda. Creían que podría recordar alguna fecha o algún momento en...

La elección

Cuando desperté me sentí confusa. No sabía muy bien donde estaba ni cómo había llegado allí. “Supongo que ayer bebí demasiado”. Respiré hondo para coger fuerzas e intenté levantarme. Y entonces fue cuando noté las cadenas. Abrí los ojos de golpe. Mi corazón se acelero, y me costaba respirar. Mi pecho se agitaba intentando coger un aire que no terminaba de llegar bien. Miré a mi alrededor. Estaba en una pequeña habitación, apenas iluminada por una bombilla que colgaba del techo. Las paredes y el suelo eran de  piedra, y el único objeto que podía ver eran las cadenas que sujetaban mis manos a la pared. Intente gritar, pero no pude. Sabía que necesitaba mantener la calma, pero no era capaz. Agité las cadenas y empecé a patalear. No sé si fue por el ruido o me estaba vigilando, pero justo en ese momento apareció. Me acercó un vaso de agua, pero apenas me dejó mojarme los labios. “Poco a poco”, me dijo. Le pregunté que quién era, que por qué me había encerrado. “Todo a su tiempo”, ...

Mamá

Se acercó a mí, y  noté como un escalofrío recorría mi espalda. “En algún momento me acostumbraré”, pensé. Es pequeño, y quiere jugar, y yo no sé cómo explicarle lo que pasa. Que yo no soy su mamá. Que yo nunca he tenido hijos. Que acabo de mudarme a esa casa, que supongo que antes fue la suya. Había escuchado las historias, claro, pero ¿quién iba a creer que era cierto? Es la típica historia que los niños cuentan para aterrorizar a sus hermanos pequeños. “Una mujer ahogó a su hijo en esa casa y ahora el fantasma del niño la recorre buscando a su mamá. Venga, entra si te atreves. ¿O es que eres un gallina?”.  Pues esta vez el cuento es real, y yo me he convertido en la mamá de este pequeño,  que tan solo busca el cariño que no encontró en vida.

Sueños

Un hombre la perseguía a través de un bosque. No sabía por qué, nunca lo recordaba. Justo en ese momento consiguió verle la cara, y era la de Sam. Por más que ella gritó su nombre, el seguía persiguiéndola. De repente vio un resplandor metálico, y se dio cuenta de que Sam tenía un cuchillo en la mano.  -  ¡Sam! ¡Sam! Juliet se despertó gritando y empapada en sudor. Había tenido un sueño horrible. Aunque era algo habitual en las últimas semanas, este había sido especialmente vivido.  Miró el reloj. Las 3:45. Estaba demasiado alterada en ese momento, así que se levantó de la cama y fue a la cocina a por un vaso de leche. Eso siempre le ayudaba a calmarse. Sabía que tan solo era un sueño, que Sam jamás le haría daño, pero... esa sensación... no conseguía librarse de ella. Era demasiado real para olvidarlo fácilmente. Juliet conoció a Sam tres años atrás, en el último curso de la universidad, y supo enseguida que tenían una historia por delante. No se equivocaba. A l...

Falsas apariencias

Había sido una cita prácticamente perfecta. De hecho, no podía creer que hubiera conocido a un hombre así a través de una aplicación. Era inteligente, divertido y, ¿para qué engañarse?, muy atractivo.  Mantuvieron una conversación interesante durante la cena, y luego fueron a tomar una copa. Bailaron, rieron, y todo iba genial, hasta que empezó a encontrarse indispuesta. Se sentía algo mareada y desubicada, así que pensó que lo mejor era terminar la cita.  Cuando le dijo que no se encontraba bien y que iba a irse él enseguida se ofreció a llevarla a casa. “No deberías conducir si estás mareada”, dijo. Y ella accedió, porque realmente no estaba segura de poder llegar a su casa. Así que subió al coche, bajó la ventanilla del lado del copiloto y le dio su dirección. Tal vez fue el aire, o puede que el estar sentada un rato, pero comenzó a sentirse mejor. Así que cuando llegaron a su casa le invitó a entrar.  Pasaron al salón, y él insistió en que se sentara y le dijera...

El hombre pintado

El arte siempre ha ejercido una extraña fascinación sobre los seres humanos. Y Mary no era una excepción. Podía pasar horas y horas recorriendo museos, perdida en las realidades atrapadas en las pinturas. Pero esta vez fue algo distinto, algo inefable. Encontró el cuadro por casualidad, en un mercadillo. Una de esas gangas que no sabes muy bien si provienen del vertedero o de un robo. Era... no tenía palabras, se quedó absolutamente prendada. Tenía que hacerse con el como fuera. Mary era una gran aficcionada al arte, pero nunca había tenido espacio ni dinero para convertirse en coleccionista. Sin embargo, tenía que hacerse con ese cuadro. No es que fuera especialmente bonito, ni que tuviera una técnica impresionante, pero... Realmente era el cuadro más maravilloso que había visto en su vida. Tras un breve regateo con el vendedor, consiguió llevárselo a casa por tan solo cincuenta euros. No sabía si había pagado de mas o de menos, pero no le importaba. Fue directa a casa para busc...