Sueños

Un hombre la perseguía a través de un bosque. No sabía por qué, nunca lo recordaba. Justo en ese momento consiguió verle la cara, y era la de Sam. Por más que ella gritó su nombre, el seguía persiguiéndola. De repente vio un resplandor metálico, y se dio cuenta de que Sam tenía un cuchillo en la mano. 

-  ¡Sam! ¡Sam!

Juliet se despertó gritando y empapada en sudor. Había tenido un sueño horrible.
Aunque era algo habitual en las últimas semanas, este había sido especialmente vivido. 

Miró el reloj. Las 3:45. Estaba demasiado alterada en ese momento, así que se levantó de la cama y fue a la cocina a por un vaso de leche. Eso siempre le ayudaba a calmarse. Sabía que tan solo era un sueño, que Sam jamás le haría daño, pero... esa sensación... no conseguía librarse de ella. Era demasiado real para olvidarlo fácilmente.

Juliet conoció a Sam tres años atrás, en el último curso de la universidad, y supo enseguida que tenían una historia por delante. No se equivocaba. A los pocos meses empezaron a salir, y ahora estaban a punto de casarse. En cuanto encontraran la casa de sus sueños, empezarían a prepararlo todo.

Llegó a la cocina pensando en lo bien que se sentiría si Sam hubiera estado allí esa noche. Abrió la nevera, se sirvió un vaso de leche y se fue a dormir, aunque fue un sueño intranquilo.

Cuando sonó el despertador fue directa a darse una ducha. Necesitaba despejarse después de una mala noche, y eso junto a un café bien cargado era la mejor manera. Tenía por delante la visita de una casa, y esperaba que fuera la última. Ya no quedaban más casas en el pueblo. De hecho, esa casa tan solo estaba disponible desde hacía un par de semanas, y por algo no precisamente agradable. Habían encontrado muerta a su anterior propietaria. Un suicidio, según dijeron. Al parecer se tomó una caja entera de tranquilizantes y se metió en la bañera.
Al principio Sam no quiso ni ir a verla. No le gustaba la idea de vivir en una casa donde una chica se había suicidado tan recientemente. Pero ella consiguió convencerle de que, al menos, fueran a echar un vistazo.

Sam pasó a recogerla y se pusieron en camino. Nada más bajar del coche, Juliet se quedó maravillada. Era una casa preciosa, de dos plantas, con un pequeño jardín y al lado de un pequeño bosque. La mujer de la inmobiliaria se la enseñó amablemente. Era perfecta, justo lo que necesitaban. Además, era muy asequible. Pero Sam seguía sin estar convencido, así que se retiraron a hablar en privado.

- Es perfecta. No creo que le hayas encontrado ningún fallo.
- Es lo que buscábamos, pero... no sé, no me gusta... lo que pasó aquí. Sigue sin gustarme que esa chica... bueno, lo que pasó aquí.
- Sam, por favor, ¿no me irás a decir que crees en esas estupideces?
- No. No lo sé. Simplemente no me gusta. Tengo una mala sensación.

Juliet se acercó a él y le rodeó el cuello con los brazos.

- ¿Si te prometo protegerte podemos comprarla?

Sam sonrió.

- A veces no te soporto.
- ¿Eso es un sí?

Juliet dio un pequeño gritito y le besó. Se lo dijeron a la agente y fueron a celebrarlo. 
En cuanto terminaron los papeleos empezaron la mudanza. No iban a tardar mucho, ya que la inmobiliaria les había dejado todos los muebles de la casa. Al parecer esa pobre chica no tenía a nadie que los heredara, así que pudieron aprovecharlos casi todos.

Celebraron su primera noche en su nueva casa con una cena romántica a la luz de las velas. Todo era perfecto. Aunque, para Juliet, la perfección iba a terminar a la hora de dormir.

Esa noche tuvo el primer sueño.
Cuando se despertó no recordaba gran cosa, tan solo que había sido una pesadilla. Mientras desayunaba se le vinieron algunas imágenes a la cabeza. 

Una chica. Una pelea. Un golpe.

Juliet sacudió la cabeza. Tenía demasiadas cosas que hacer como para entretenerse con un mal sueño. Sería mejor que colocaran todo lo que pudieran antes de que Sam tuviera que volver al trabajo.

Pero cuando, a las dos semanas, volvió a tener el mismo sueño, empezó a preocuparse. De nuevo una chica, una pelea, un golpe. Y agua. Esta vez también había agua. No le gustaba, era demasiado real. Le daba escalofríos. Así que se lo contó a Sam, aunque no obtuvo la respuesta que esperaba.

- ¿No me irás a decir que crees en esas estupideces?
- ¡Sam! No te he dicho que crea en nada. Solo te lo contaba, pero ya veo que no ha sido buena idea.

Juliet se levantó y se fue, enfadada. Sam fue tras ella y la abrazó.

- Eh, tienes razón, lo siento. Pero no tienes que preocuparte por nada. Seguro que es el estrés de la mudanza. Ya verás cómo no vuelves a soñar nada malo.

Tres días después de aquello terminaron de colocar todas sus cosas. Así que esa noche Juliet preparó una cena especial para celebrar que ya estaban completamente instalados. Tras la cena, Sam se arrodilló frente a ella y le tendió una cajita.

- Juliet, ¿quieres casarte conmigo?

Juliet no sabía muy bien que estaba pasando. Ya habían hablado de eso, y sabía perfectamente cuál era su respuesta.

- Sabes que sí, Sam. ¿A qué viene esto?
- Cuando te lo pedí por primera vez era algo lejano, y ni siquiera te compre un anillo. Ahora es el momento, no dependemos de nada. Podemos casarnos mañana mismo, si tu quieres. Y puedo regalarte esto.

Sam abrió la cajita. Contenía un precioso anillo. A Juliet se le saltaron las lágrimas.

- Sam, no necesito ningún anillo. Te quiero, y quiero casarme contigo. Es lo único que me importa.
- Lo sé, pero yo quería regalártelo.

Le cogió la mano y le puso el anillo. Se levantó, y Juliet le abrazó y enterró la cabeza en sus hombros. Estaba llorando, así que él la abrazó más fuerte.

- Te quiero, pequeña.

Esa noche Juliet tuvo otra pesadilla. Fue el mismo sueño de la otra vez, solo que había algo más. Un sótano. Y un bosque. Se despertó sobresaltada. Sabía que era estúpido, que tan solo había sido una pesadilla, pero tenía miedo. Ese maldito sueño siempre la asustaba. Miró a Sam, que seguía completamente dormido. No quería despertarle, ya que al día siguiente tenía que volver al trabajo, así que se levantó y fue a por un vaso de agua.

Cuando volvía de la cocina escuchó un ruido, como si alguien hubiera abierto una puerta.

- ¿Sam?

Nadie respondió. Claro que no. Sam estaba dormido, y no había nadie más allí. Habría sido el viento. En ese momento giró la esquina del pasillo, y el vaso se le cayó de las manos. Durante unos segundos había visto a una mujer delante de ella, una mujer que era imposible que estuviera allí.

Al escuchar el ruido, Sam se despertó y salió corriendo. Encontró a Juliet paralizada en el pasillo, mirando fijamente a la nada.

- ¡Juliet! Juliet, cariño, ¿qué te pasa?
- Había... ella estaba... he visto...
- ¿Juliet?
- No lo sé, Sam. No sé lo que ha pasado.
- Está bien. Vuelve a la cama. Yo recogeré esto y voy enseguida, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.

A la mañana siguiente, Sam se sentó a hablar con ella antes de ir al trabajo.

- ¿Qué te pasó anoche?
- No lo sé Sam, ya te lo dije. 
- Juliet...
- Vas a pensar que estoy loca.
- Nunca podría pensar eso. Cuéntamelo.
- Volvía de la cocina, y vi a una mujer. 
- ¿A una mujer?
- Sí. Estaba allí, mirándome. Y eso no es todo, Sam. Era la mujer que vivía aquí, la que se suicidó.
- Eso es imposible, Juliet.
- Lo sé, pero te juro que era ella, Sam. Era la mujer que salió en los periódicos.

Sam la miró, sin decir nada.

- Te dije que ibas a pensar que estaba loca.
- No, no pienso eso. Pero estás agotada. Últimamente no duermes bien, y no has parado desde que compramos la casa. Simplemente creo que tu mente te ha jugado una mala pasada.
- ¿De verdad?
- Claro. Solo tienes que descansar y relajarte. Tengo que irme, pero seguiremos hablando esta noche. Te quiero.
- Yo a ti también.

Sam le dio un beso en la frente y se fue. Juliet siguió dándole vueltas a lo que había pasado. Seguramente Sam tendría razón, pero... no sabía explicarlo, era una sensación extraña...

Sacudió la cabeza y se levantó. Aún tenía muchas cosas que hacer para perder la mañana pensando en tonterías. Aunque ya estuviera todo colocado, aún tenía que limpiar algunas zonas de la casa. Y quería arreglar el jardín y pintar la valla.

Subió a la habitación y se cambió de ropa. Empezó por la planta superior. Limpió primero lo que iba a ser el despacho de Sam, y después lo que se convertiría en su estudio. Cuanto más recorría la casa, más perfecta le parecía. Ahora solo esperaba que su estudio pasara pronto a ser la habitación del bebé. No pudo evitar sonreír al pensar en ello.

Cuando terminó de limpiar, se dispuso a empezar con el jardín. Todas las cosas de jardinería estaban guardadas en el sótano, así que bajó a ver con que herramientas podía contar. Abrió la puerta y bajó las escaleras. Y entonces se dio cuenta de que ese era el sótano que había aparecido en su sueño. Fue caminando lentamente, observándolo todo buscando algo que le gritara que estaba equivocada. Pero no lo encontró. Ese era el lugar.

No quería seguir allí. Se dio la vuelta para irse, y de nuevo allí estaba esa mujer. Juliet no pudo más, y se desmayó.

Cuando recobró el conocimiento estaba en el sofá, y Sam estaba a su lado.

- Sam... ¿Que ha...?
- Llamé para ver que tal estabas y no cogías el teléfono. Me pareció extraño, así que vine a casa. Te encontré en el sótano, te habías desmayado.

Juliet lo recordó todo de pronto. El sótano, la chica...

- Sam, he vuelto a verla. A esa chica. Estaba en el sótano, y yo...
- Shhh... Juliet, es agotamiento. ¿Es que no lo ves? Por eso te has desmayado. Necesitas dormir y descansar. 
- No, Sam, la he visto, y...
 - Juliet, ¿de verdad crees que el fantasma de esa chica te está persiguiendo?

Juliet se quedó callada. Ella sabía perfectamente lo que había pasado, pero no tenía ganas de discutir.

- No, tienes razón. Es absurdo.
- Vale. Ahora te vas a quedar aquí tumbada sin hacer nada, ¿de acuerdo?
- No, aún queda mucho por hacer.
- Ya lo harás en otro momento. No tienes que dejar la casa como nueva en tres días, Juliet. Necesitas descansar.
- Está bien.
- Voy a salir un momento, pero vuelvo enseguida. 
- ¿Dónde vas?
- A ver al doctor Sanders. Quiero que te eche un vistazo.
- Sam, no es necesario. Estoy bien.
- Lo sé, pero prefiero estar seguro.

Sam se fue, y Juliet suspiró. Estaba bien, al menos físicamente. Aunque ya no estaba tan segura de su cordura. Quería creer a Sam, pensar que todo era culpa de su mente cansada, pero era demasiado real. El sueño, la mujer... todo. Era posible que ese sótano apareciera en su sueño porque había estado en él un par de días antes, pero la chica... solo había visto la foto que apareció en los periódicos, y no tenía nada que ver con eso. En la foto era una chica sonriente y feliz. Lo que ella veía era a la misma chica empapada y triste. O furiosa. O ambas cosas. No lo sabía.

Cogió un cuaderno que había en la mesa y empezó a dibujarla. Tal vez así consiguiera recordar algo más de lo que había pasado antes de que se desmayara.

Escuchó la puerta y dejó el cuaderno sobre la mesa. Se estaba levantando cuando vio a Sam con el médico. 

- Doctor Sanders, no era necesario que viniera. 
- Sam me ha dicho que has sufrido un desmayo, y que estás teniendo pequeñas alucinaciones.
- Es un exagerado. El mismo dice que es cansancio. Estoy bien. 
- Bueno, ya que estoy aquí, ¿tienes algún inconveniente en que te haga un chequeo?
- No, claro. Así Sam se quedará tranquilo y podré hacer cosas en vez de estar tumbada en ese sofá.

El doctor realizó su examen, que no duró mucho. Se reunieron con Sam y les dio su diagnóstico.

- Todo parece en orden. Aún así, me gustaría hacerle unos análisis. ¿Por qué no viene mañana a verme?
- ¿Realmente es necesario?
- Solo quiero descartar que esté falta de vitaminas o de hierro, no se preocupe.
- Está bien. Usted manda.
- Perfecto Entonces mañana la veré. Descanse lo que queda de hoy.

Cuando el doctor se fue, Sam se sentó junto a ella y se quedó mirándola, con cara de preocupación.

- Sam, estoy bien. Deja de mirarme así, por favor.
- Lo siento.

La abrazó, y ella se recostó en su pecho. De pronto, Sam reparó en el cuaderno que había sobre la mesa, y en el siniestro dibujo que había en el.

- ¿Qué es eso?
- ¿El qué? ¡Oh! No es nada, solo un dibujo.
- Ya, pero... ¿Qué es?
- Es... ella.
- ¿Esa es la mujer que has visto?
- Sí.

Sam cogió el cuaderno. Juliet había dibujado una mujer semi desnuda sobre un charco de agua, con el pelo mojado sobre la cara. Era bastante escalofriante.

- Creo que intenta decirme algo, Sam.
- Si. Tu cuerpo intenta decirte que descanses.

Un par de días después fueron a recoger los resultados de los análisis. Sam se había empeñado en acompañarla, a pesar de la insistencia de Juliet en que no hacía falta. Tras esperar unos minutos, entraron a la consulta del doctor.

- Me alegro de veros. Tengo buenas noticias. Estás perfectamente.
- ¿Ves? Estoy bien.
- Esas no son las buenas noticias, Juliet. Vais a ser padres. Enhorabuena.

Juliet se quedo paralizada. ¿Que iban a ser qué? Tras unos segundos, salió de su ensimismamiento y se abrazó a Sam efusivamente.

- ¡Sam! ¡Vamos a ser padres! ¡Vamos a tener un niño!

Sam estaba aún más perplejo que Juliet.

- Es... vaya, no lo esperaba... guau...
- Bien, eso explica el cansancio y los desmayos. Ven a verme en un par de semanas para empezar a controlarlo. Mientras tanto, no hagas grandes esfuerzos. Ahora tienes que cuidarte más que nunca.
- Lo haré, doctor. No se preocupe.

En cuanto llegaron a casa, Sam obligó a Juliet a tumbarse y empezó a preparar la comida.

- Sam, estoy embarazada, no inválida. 
- Lo sé, pero hoy me apetece cocinar.
- Eres consciente de que mañana tienes que volver al trabajo y yo voy a seguir haciendo mi vida normal, ¿verdad?
- Puedo pedir unos días.
- Si, pero no puedes pedir nueve meses, así que cuanto antes te mentalices de que puedo hacer cosas, mejor para los dos.

Sam se sentó a su lado.

- Está bien. Es que no quiero que nada salga mal.
- Nada va a salir mal. No te preocupes.


Pero esa noche Juliet volvió a soñar con la chica. Estaba de nuevo en el sótano, pero esta vez señalaba algo. Parecía una rejilla de ventilación. En el sueño, Juliet se acercó y se agachó, buscando lo que señalaba la muchacha. Y vio que dentro de la rejilla había una caja. Pero, justo cuando iba a abrir la rejilla, sonó el despertador. 

Juliet ya no sabía que pensar. Era posible que fueran alucinaciones provocadas por el cansancio, puede que incluso el embarazo tuviera algo que ver, pero... no, algo en su interior le estaba gritando que bajara al sótano y buscara esa caja. Así que, en cuanto Sam se fue a trabajar, bajó las escaleras dispuesta a descubrir que quería esa mujer de ella.

Tras una mirada, encontró la rejilla de ventilación oculta tras una estantería. Se agachó, sin saber realmente si prefería encontrar algo o que estuviera vacía. Pero allí había algo, sin duda. Intentó mover la rejilla, pero no pudo. Se levantó y fue a por la caja de herramientas. Utilizando un destornillador como palanca, consiguió abrirla. Y allí estaba. Juliet la cogió y se puso en pie. Subió las escaleras poco a poco, fijándose en cada detalle de la caja. Era muy bonita, de madera, quizás de caoba, con unas pequeñas flores unidas por una enredadera grabadas en la tapa.

Juliet se sentó en la mesa de la cocina. Si la muchacha la había llevado hasta allí, es que en esa caja había algo, algo importante. Tal vez el por qué de su suicidio. Tal vez algo que quería que le entregara alguien. Fuera lo que fuera, ahora estaba en sus manos.
Abrió la caja. Había unos cuantos papeles. Parecían cartas. Leyó una por encima. Eran de un hombre. A Juliet le pareció romántico que, en plena revolución tecnológica, aún se escribieran cartas de amor. Tal vez eso es lo que quería la chica, que le llevara la caja a su novio. Aunque creía recordar que el periódico había dicho que no tenía pareja. Aunque quizás no lo supiera nadie.

Bajo las cartas, Juliet encontró unas fotografías de la chica, y empezó a verlas con una sonrisa triste en la cara. Realmente era una chica muy guapa, y demasiado joven para el final que había tenido. Había fotos en un parque, en un embarcadero, en un lago... 

Al llegar a una de las fotos, Juliet se quedó atónita. Incluso se le cayó de las manos. No podía ser, tenía que haber un error. Miró un par de fotografías más y, de pronto, se levantó y salió corriendo. Se metió en el coche y empezó a conducir sin rumbo. Simplemente necesitaba alejarse de allí para poder pensar. Ahora lo entendía. Por eso Sam no quería mudarse allí. Porque tenía una aventura con esa chica.

Las imágenes de las fotografías invadían su cabeza una y otra vez. En todas ellas estaba esa muchacha... con Sam. Besándose. Abrazados. Como una pareja.

Juliet no pudo evitar romper a llorar. No podía creer que Sam la hubiera estado engañando. 

Tras dar muchas vueltas decidió volver a casa. Se había calmado un poco, y Sam estaría a punto de llegar. Tenía que hablar con él. Tenían que aclarar las cosas. 
Cuando llegó a casa, la puerta estaba abierta. Al parecer, había salido tan atontada que ni siquiera había cerrado. Fue directa a la cocina. Quería esperar a Sam allí, con la caja. Pero, para su sorpresa, la caja ya no estaba sobre la mesa.

- No tenías que enterarte. Al menos no así.
- Sam... 
- Pensaba decírtelo, iba a dejarla, pero esa... zorra tuvo que estropearlo todo.
- Sam, ¿qué quieres decir?
- Cuando quise dejarla se puso pesada. Me amenazó. Iba a contártelo todo. Y no podía dejar que eso pasase.
- Sam, ¿tú la mataste?
- Tuve que hacerlo. Iba a estropear todo lo que tenemos.
- No, Sam, ella no iba a estropear nada. Lo estropeaste tú. ¿Cómo pudiste? Y peor aún, ¿qué te hizo pensar que matarla iba a solucionar algo?
- Lo hice por nosotros, Juliet. Te quiero, no quiero perderte.
- Tenemos que llamar a la policía, Sam.

Juliet fue hacia el teléfono, pero Sam la detuvo.

- No puedo dejarte que hagas eso, Juliet.
- Sam, tienes que entregarte. Es lo...
- ¡Cállate! No me obligues a matarte a ti también, Juliet. No quiero hacerlo.
- Sam, por favor, tranquilízate.

Juliet fue retrocediendo poco a poco. Quería encontrar la puerta. Tenía que salir de allí. Ahora que sabía de lo que Sam era capaz, estaba aterrada. 

- Sam, por favor...
- ¡Te he dicho que te calles! 

Sam cogió un cuchillo. Tenía que escapar. Ahora que sabía de lo que Sam era capaz, no quería permanecer allí ni un segundo más. No temía por su vida, pero no quería que le pasara nada a su bebé... ¡El bebé!

- Sam, por favor, suelta eso. Piensa en nuestro hijo. No nos hagas daño, por favor.
- Lo siento, Juliet. Te aseguro que no quiero hacerlo. Pero no me has dejado otra opción. Has tenido que hacer caso a tus estúpidos sueños y buscar donde no debías.  Ahora tengo que hacerlo, Juliet. Tengo que mataros. A ti y al niño. Lo siento, de verdad.

Y lo peor es que parecía sincero. Estaba a punto de llorar. Pero el instinto de supervivencia la estaba avisando de que no se dejara engañar. 

Por fin encontró el pomo de la puerta, y la abrió despacio. Con un movimiento rápido salió y empezó a correr. No sabía dónde iba, pero tenía que encontrar a alguien que la ayudara. Esa escena se parecía demasiado a la de su primera pesadilla. 

- ¡Juliet! ¡JULIET! ¡VUELVE AQUÍ, MALDITA PERRA!

Juliet estaba aterrorizada. No sabía qué hacer. No había nadie cerca. Su única esperanza era llegar hasta la carretera y que pasara algún coche. Pero no aguantaría mucho antes de que Sam la alcanzara. Y, si conseguía atraparla, estaba acabada. Sam era mucho más fuerte que ella, no podría defenderse.

No podía seguir corriendo, así que se escondió tras un arbusto, rezando para que Sam no la encontrara. 

- Juliet... Juliet, ¿dónde te has metido? Sabes que tengo que hacerlo. Tú te lo has buscado. Se valiente, al menos.

Juliet vio una rama a su lado, y valoró rápidamente, el daño que podría hacerle a Sam. La rama era fuerte, pero ella no. No sabía si iba a poder darle con la fuerza suficiente para conseguir una oportunidad de escapar. Pero tenía que intentarlo. La otra opción era quedarse allí y esperar a que Sam la atrapara. Así que cogió la rama, respiró hondo, se puso en pie y...

- Juliet, ¿qué crees que...? ¡Ah!

Sam cayó al suelo agarrándose la cabeza. Juliet salió corriendo. Si había conseguido aunque fuera cinco minutos de ventaja, tenía que aprovecharlos. 

- ¡JULIET! ¡AHORA SI QUE HAS COMETIDO EL PEOR ERROR DE TU VIDA!

Sam empezó a correr tras ella de nuevo. Pero ya veía la carretera, así que aceleró aún más. Tenía que llegar. Por ella. Por su hijo. Por fin alcanzó el arcén, y siguió corriendo en dirección al pueblo. Si no pasaba ningún coche, al menos estaría más cerca de que alguien la ayudara. 

Cuando llevaba unos minutos corriendo por la carretera, escuchó un motor. Se dio la vuelta y vio una camioneta roja que se acercaba. Empezó a hacer señas al conductor para que parara. 

Justo cuando la camioneta se estaba deteniendo, algo la agarró del tobillo, haciéndole caer y arrastrándola hacia el bosque. 

- ¡No te vas a escapar tan fácilmente de mi, puta!
- ¡Sam, por favor! ¡Por favor, deja que me vaya!
- ¡Calla!

Sam la tapó la boca y la obligó a estarse quieta. 

- Ahora tendremos que esperar a que tu amigo se vaya, si no quieres que lo mate a el también.

El hombre de la camioneta estaba al borde de la carretera, buscando a la mujer que le había hecho parar pero, al no ver nada, volvió a su coche. En ese momento, Juliet mordió a Sam y consiguió el tiempo justo para gritar y soltarse.

- ¡Ayuda, por favor!

Corrió de nuevo hacia la carretera, donde vio que el hombre de la camioneta se acercaba a ella con un tubo de metal en la mano.

- Señorita, ¿qué ocurre?
- Ayúdeme, por favor. ¡Intenta matarme!
- Tranquilícese, señorita, suba al coche y..

En ese momento Sam salió del bosque hecho una furia. El hombre la empujó contra el coche y se preparó para el enfrentamiento.

- Suba al coche, señorita. Y usted es mejor que se largue, amigo.
- Juliet, ven aquí ahora mismo. Sabes que es lo mejor.
- Es la última vez que se lo digo, lárguese.

Juliet subió a la camioneta, y vio que había un teléfono. Se acurrucó para que Sam no la viera y llamó a la policía.

- Emergencias.
- Necesito ayuda. Intenta matarme.
- Señorita, cálmese. ¿Donde está usted?
- En la carretera, a un par de kilómetros de Eddington. ¡Dense prisa, por favor!
- Enseguida enviamos a la policía. Siga hablando conmigo.
- No puedo. Me verá.

Mientras tanto, Sam había valorado cual era la mejor manera de dejar fuera de juego a su oponente. Decidió que lo mejor era fingir que iba al coche a por Juliet y saltar sobre él cuando intentara impedirselo. Y funcionó. Consiguió propinarle al hombre un golpe que lo dejó aturdido. Fue a abrir la puerta del coche. Juliet gritó y bajó los seguros. Pero no sirvió de mucho.
Sam estaba tan furioso que rompió la ventanilla con el codo. Agarró a Juliet del peló y la sacó a la fuerza.

- Eres una maldita zorra, al igual que lo era Jodie.

La tiró al suelo y empezó a golpearla. Juliet se protegió la tripa. No le importaba el dolor, solo quería que su bebé estuviera bien.

El hombre de la camioneta se recuperó y fue a por Sam, pero este le vió por el rabillo del ojo y le clavó el cuchillo en un hombro. No parecía grave, pero lo suficiente como para dejarle fuera de juego.

- ¿Ves lo que me obligas a hacer? Ese hombre no tenía por qué morir, y ahora voy a tener que matarlo. Pero primero tu.

Juliet fue arrastrándose como pudo en dirección al pueblo, pero apenas podía moverse, así que se rindió. Cerró los ojos y se preparó para el final.

En ese momento empezó a escuchar sirenas. Sam no supo que estaba pasando, no se había enterado de que había llamado a emergencias. Dos coches patrulla se detuvieron allí. Los policías salieron y sacaron sus armas.

- Suelte ese cuchillo y aléjese de ella.
- Eres una zorra, ¿sabes?
- Y tú eres un capullo entre rejas.
- Aún no.

Sam le dio una última patada y salió corriendo en dirección al bosque. 

- ¡DETENGASE!

Dos policías salieron tras él, mientras que otros dos se acercaron a ella y al hombre que la había ayudado. Pidieron asistencia médica y comprobaron que estaban bien mientras esperaban. A los pocos minutos llegaron un par de ambulancias. Estaban ayudando a Juliet a subir a una de ellas cuando se escuchó un disparo. Juliet se estremeció.

- Sam...

Al día siguiente Juliet le pidió un periodico a la enfermera que le sirvió el desayuno. Cuando se lo llevó, no tuvo más que leer la portada para enterarse del final de la historia que no habían querido contarle hasta que no descansara. Los titulares eran claros:

ABATIDO EN EL BOSQUE EL ASESINO DE JODIE TRONCAN

Así que había preferido morir a que lo atraparan. Casí parecía justicia poética. Juliet continuó leyendo.

"Ayer fue abatido por la policía mientras intentaba escapar tras intentar asesinar a su prometida el culpable de la muerte de Jodie Troncan. Al parecer, el sujeto mantenía una relación amorosa con Jodie Troncan, a la que asesinó cuando esta amenazó con contarle a su mujer que le era infiel, haciendo pasar el crimen por un suicidio. Jamás se habría sabido la verdad si su prometida, Juliet Fox, no hubiera descubierto la infidelidad y el asesinato, lo que la convirtió en el siguiente objetivo de este despiadado asesino..."

Juliet no quiso continuar leyendo. A pesar de todo, amaba a Sam, y toda esa situación era demasiado dura. Necesitaría mucho tiempo para recuperarse.

Esa noche volvió a soñar con Jodie, aunque esta vez no fue una pesadilla, ni algo siniestro. Ella estaba bien, como si aun siguiera viva. Y solo dijo una palabra: "Gracias". Y esa fue la última vez que Juliet soñó con ella. 

Cuando salió del hospital, lo primero que hizo fue ir a visitar la tumba de Jodie. Tenía que darle las gracias. Si no fuera por ella y por sus advertencias, tal vez ella no estaría viva. Ni su bebé. 

Pasó un momento allí, reflexionando sobre todo lo que había pasado. Cuando terminó, dejó una flor sobre la tumba y volvió al pueblo. Tenía muchas cosas que hacer.

Había llegado el momento de empezar de nuevo, lejos, muy lejos de allí. De olvidarse de Sam y de todo lo que había pasado.

Había llegado el momento de ser feliz.



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